Ensayo: Libro patas arriba
Ensayo:
Libro patas arriba
Introducción
En su obra Patas arriba: la escuela del mundo
al revés (1998), Eduardo Galeano elabora una fuerte denuncia de carácter
político y poético acerca de cómo se estructura el mundo actual. El autor, con
un Estilo singular que combina lucidez, indignación e ironía, pone al
descubierto las injusticias que constituyen nuestras sociedades. Un sistema que
enseña a premiar lo que debería ser castigado y a castigar lo que debería ser
premiado descrito por su metáfora principal, "una escuela al revés":
se elogia la avaricia, la falta de castigo y el egoísmo, mientras que se
reprime la solidaridad, la justicia y una vida digna.
En
este ensayo, se examina la obra desde un punto de vista crítico, tratando sus
ejes temáticos más importantes: el machismo estructural, la manipulación cultural,
el racismo y la desigualdad a nivel mundial; Además de que los poderosos son
impunes y que el lenguaje es una herramienta de dominación. También se aborda
la niñez como víctima del sistema. Este texto, más que un libro ordinario, se
transforma en un espejo que fuerza al lector a ver el mundo de frente y a
aceptar cómo las injusticias se han vuelto parte de la naturaleza.
1.
La “escuela” que enseña al revés
Galeano
abre su obra con la imagen de una escuela universal que no cobra matrícula, no
exige examen de admisión y dicta sus cursos a todos. Esta escuela es el sistema
global, donde los valores son invertidos: “el plomo aprende a flotar y el
corcho a hundirse”. Lo que debería ser admirable la honestidad, el trabajo
justo, la solidaridad es visto como ingenuo o inútil, mientras que la astucia,
el egoísmo y el abuso de poder son premiados.
El
mundo al revés premia las cosas al revés: valora lo que no es honesto, penaliza
el trabajo, recompensa la falta de escrúpulos y fomenta el canibalismo. Sus maestros
afirman que la injusticia es la ley natural y calumnian a la naturaleza. Uno de
los miembros más reconocidos del personal docente, Milton Friedman, se refiere
a "la tasa natural de desempleo". Richard Herrstein y Charles Murray
afirman que, por ley natural, los negros ocupan los niveles más bajos de la
jerarquía social. John D. Rockefeller solía afirmar que la naturaleza premia a
los más capaces y castiga a los ineptos para justificar el éxito de sus empresas;
y aún hoy, más de cien años después, muchos propietarios del mundo continúan
convencidos de que Charles Darwin escribió sus libros para proclamarles la
gloria.
¿Sobrevivencia
de los más capacitados? El instinto asesino, la habilidad más provechosa para
avanzar y sobrevivir, es un atributo humano cuando se utiliza para que las
grandes corporaciones absorban a las pequeñas y los países poderosos consuman a
los débiles, pero evidencia cuando cualquier individuo necesitado sale
en busca de comida armado con un cuchillo. Los enfermos de la enfermedad
antisocial, la locura y el peligro que cada pobre lleva dentro se basan en los
patrones de buena salud del éxito social.
En
las megápolis del mundo al revés, caminar es un riesgo y respirar es una pobreza.
Los que no están aprisionados por la necesidad lo están por el miedo: algunos
no pueden dormir debido a la angustia de obtener las cosas que les faltan,
mientras que otros no pueden dormir debido al temor de perder lo que poseen. El
mundo al revés nos enseña a percibir al prójimo como un peligro y no como una
promesa, nos reduce a la soledad y nos consuela con fármacos químicos y amigos
virtuales. Si ninguna bala perdida acorta nuestra existencia, estamos
destinados a morir de miedo, de hambre o de aburrimiento.
El
autor utiliza ejemplos concretos: políticos que venden sus países “como saldos
de temporada”, banqueros que vacían bancos sin castigo, organismos financieros
que someten países pobres con “planes de ajuste” que destruyen economías
enteras. El crimen organizado se disfraza de economía formal y la violencia
estructural se vuelve invisible porque está institucionalizada. Galeano no
exagera: muestra cómo la impunidad y la injusticia no son excepciones, sino
reglas que estructuran la economía mundial.
2. La infancia como espejo de la
injusticia
Uno
de los capítulos más desgarradores de la obra es el dedicado a los niños. El
autor retrata cómo, desde pequeños, los seres humanos son moldeados por esta
escuela del mundo al revés. Los niños ricos son tratados como dinero aislados
en burbujas de miedo y consumo, los pobres como basura explotados laboralmente
o condenados a la exclusión, y los de clase media son prisioneros del miedo y
la inseguridad.
Mucho
antes de que los niños ricos dejen de ser niños y descubran las drogas que
aturden la soledad y enmascaran el miedo, ya los niños pobres están aspirando
gasolina o pegamento. Mientras los niños ricos juegan a la guerra con balas de
rayos láser, ya las balas de plomo amenazan a los niños de la calle.
Esos
niños, hijos de personas que trabajan por turnos o no tienen empleo ni espacio
en el mundo, se ven forzados a trabajar desde muy jóvenes para sobrevivir,
realizando cualquier actividad deslomándose a cambio de la comida o incluso
menos, en todo el mundo. Tras aprender a caminar, los niños y las niñas conocen
cuáles son las gratificaciones que se conceden a los pobres que se comportan
bien: estos son la mano de obra sin paga de las tiendas, las cantinas caseras y
los talleres, o bien la mano de obra a bajo costo en las fábricas de
exportación que producen ropa deportiva para poderosas corporaciones
multinacionales.
Galeano
denuncia la hipocresía de un sistema que habla de derechos de la infancia
mientras permite que millones de niños trabajen, mendiguen o mueran de
enfermedades curables. Los juguetes que se ofrecen a cada clase social
simbolizan el destino impuesto: armas y velocidad para los ricos, utensilios
domésticos para las niñas, miseria para quienes no tienen acceso a nada. La
infancia, que debería ser sinónimo de esperanza, se convierte en la primera víctima
del sistema globalizado.
3.
Desigualdad y consumo: el rostro económico de la injusticia
Otro
eje central del libro es la contradicción entre el consumo global impuesto y la
desigualdad económica real. La publicidad enseña a desear lo que pocos pueden
tener. El mercado dicta órdenes de consumo que solo una minoría puede obedecer.
Como consecuencia, crece la frustración, el resentimiento y la violencia.
Galeano afirma que la “televisión ofrece cursos audiovisuales de violencia” y
que la desigualdad es presentada como natural, no como una construcción
política.
Con
cifras y ejemplos, denuncia cómo unos pocos acumulan fortunas superiores a las
de países enteros. Menciona que diez multimillonarios tienen más riqueza que
cincuenta países. América Latina aparece como la región más desigual del
planeta, donde la pobreza es estructural y la violencia es tanto causa como
consecuencia de esta injusticia.
La
economía de América Latina es una economía esclavista que se comporta como si
fuera posmoderna: paga sueldos africanos, cobra precios europeos y el producto
que produce con mayor eficacia es la violencia y la injusticia. Datos oficiales
de 1997 en la Ciudad de México: el ochenta por ciento son pobres, el tres por ciento
son ricos y los demás están en medio. Y según los datos de las Naciones Unidas,
un solo mexicano tiene una fortuna igual a la que tienen en total diecisiete
millones de mexicanos pobres. Además, la capital del país es la ciudad de
México, que en los años noventa produjo más multimillonarios con fortunas
repentinas que cualquier otra ciudad del mundo.
La
pobreza anualmente causa más muertes a nivel global que las que la Segunda
Guerra Mundial causó, a pesar de que esta última fue mortal para una gran
cantidad de personas. Sin embargo, desde la perspectiva del poder, el
exterminio no es negativo; en última instancia, contribuye a controlar una
población que está creciendo excesivamente. Los especialistas defienden que en
el hemisferio sur, donde hay grandes cantidades de población ignorante, los
hombres pueden siempre y las mujeres quieren siempre, lo que lleva a
violaciones del sexto mandamiento.
El
poder, que ejerce la injusticia y se nutre de ella, emana violencia por todos
lados. Sociedades divididas en buenos y malos: los condenados de piel oscura,
culpables de su miseria y con una inclinación hereditaria hacia el crimen,
acechan en los infiernos suburbanos. La publicidad les hace agua la boca y la
policía los expulsa de la mesa. El sistema rechaza lo que brinda: objetos
mágicos que hacen realidad los sueños, lujos que la televisión promete, las
luces de neón que proclaman el paraíso en las noches citadinas, y el esplendor
de la riqueza virtual como bien conocen quienes poseen riqueza real.
4.
Racismo y machismo: estructuras que sostienen la dominación
El
libro también desnuda las formas en que el racismo y el machismo son utilizados
como herramientas de control social. Según Galeano, desde la colonización, las
sociedades han clasificado a las personas por su color de piel, su origen y su
género, legitimando jerarquías sociales. El racismo no solo está en la historia
colonial; sigue vivo en la actualidad en los estereotipos que criminalizan a
los pobres, especialmente a quienes tienen piel oscura.
Esta
demonización pasa por alto la vivencia histórica del mundo. Si nos limitamos a
los últimos cinco siglos, es innegable que los crímenes de color blanco han
sido muy numerosos. Aunque en la época del Renacimiento los blancos eran
solamente el veinte por ciento de la población mundial, se proclamaban como
portadores de la voluntad divina. En nombre de Dios, eliminaron a no sé cuántos
millones de indígenas en América y arrancaron a no sé cuántos millones de
negros de África. Los reyes, los traficantes de negreros y los vampiros
indígenas establecieron la esclavitud hereditaria en África y América con el
fin de que los hijos de los esclavos vinieran al mundo siendo ellos mismos
esclavos en las plantaciones y en las minas.
Los autores de los innumerables actos de barbarie que la Civilización llevó a cabo en los siglos posteriores con el objetivo de establecer, a sangre y fuego, su dominio imperial blanco sobre las cuatro esquinas del mundo fueron blancos. Los líderes de estado y los jefes militares que, con la colaboración de los japoneses, llevaron a cabo las dos guerras mundiales del siglo XX, las cuales causaron la muerte de 64 millones de personas (la mayoría civiles), eran blancos. También lo eran los que idearon y ejecutaron el holocausto judío, que abarcó además a gitanos, rojos y homosexuales en campos nazis de exterminio.
La
convicción de que algunas naciones nacen para ser libres y otras para ser
esclavas ha orientado las acciones de todos los imperios que han existido en la
historia. Sin embargo, fue a partir del Renacimiento y la colonización de
América que el racismo se estructuró como un sistema de absolución moral para
satisfacer la glotonería europea. Desde ese momento, el racismo ha dominado al
mundo: en el mundo colonizado, descalifica a las mayorías y en el mundo
colonizador, excluye a las minorías. El racismo fue tan necesario para la época
colonial como lo fue la pólvora, y desde Roma los papas calumniaban a Dios al
atribuirle el mandato de devastación.
De
la misma forma, el machismo es presentado como “natural” y “hereditario”,
relegando a las mujeres a posiciones subordinadas. Estas estructuras refuerzan
un sistema económico y cultural que necesita desigualdad para sostenerse.
5.
El poder del lenguaje: cómo se maquillan las injusticias
Uno
de los recursos más brillantes del libro es la crítica al lenguaje manipulado.
Galeano muestra cómo las palabras se transforman para ocultar la realidad: no
hay dictaduras, hay “procesos”; no hay pobres, hay “carenciados”; no hay
torturas, hay “apremios ilegales”; no hay muertos, hay “bajas colaterales”.
El
lenguaje, entonces, no solo comunica, sino que naturaliza la violencia y limita
la capacidad de indignación. Este control discursivo es tan poderoso como
cualquier arma. La injusticia se vuelve aceptable porque es nombrada con
eufemismos que suavizan su crueldad.
6.
La impunidad como modelo
En
el “mundo al revés”, quienes destruyen la naturaleza, saquean países o lavan
dinero jamás son castigados. Son, de hecho, admirados como modelos de éxito.
Los poderosos no solo violan las leyes: las escriben. Mientras tanto, la
pobreza es criminalizada y los marginados son tratados como culpables de su
destino.
Galeano
utiliza la ironía para retratar esta lógica perversa: el hambre, la pobreza y
la violencia no son vistas como injusticias, sino como “fallas individuales”.
De esta manera, se traslada la culpa de los problemas estructurales a las
víctimas, eximiendo de responsabilidad a los verdaderos responsables.
7.
El derecho al delirio: la contraescuela
A
pesar de la crudeza de sus denuncias, Galeano no escribe desde la resignación.
En el último tramo del libro habla de la “contraescuela”: la capacidad humana
de imaginar un mundo distinto. Propone recuperar la memoria, la solidaridad, la
creatividad y la rebeldía.
Su
“Derecho al delirio” es una invitación a soñar con un mundo donde el trabajo no
sea esclavitud, donde la educación libere en lugar de domesticar, donde la
infancia no sea sacrificada y donde la justicia no sea privilegio de unos
pocos. Frente a la lógica del poder, propone la lógica de la esperanza.
Conclusión
Patas
arriba: la escuela del mundo al revés no es solo un libro de denuncia política;
es una obra que nos obliga a despertar de la normalidad impuesta. Eduardo
Galeano logra traducir realidades complejas en metáforas potentes que
atraviesan al lector. Su mirada crítica revela que la injusticia no es natural
ni inevitable, sino construida por estructuras que pueden y deben
transformarse.
Como
estudiante, leer esta obra implica replantearse la educación, la economía, la
cultura y la política. Significa reconocer que el mundo que habitamos está
organizado para beneficiar a unos pocos y excluir a muchos. Pero también es
reconocer que existen formas de resistencia, que es posible imaginar y
construir un mundo distinto.
Este
ensayo, inspirado en la lucidez de Galeano, busca transmitir que la lectura
crítica no es un fin en sí mismo, sino un acto de resistencia. Mientras la
escuela del mundo al revés enseña sumisión, la lectura de Galeano enseña
rebeldía, pensamiento crítico y esperanza.
Referencias
Galeano, E. (1998). Patas arriba: La escuela del mundo al revés. Siglo XXI Editores.
UNICEF. (1998). Estado mundial de la infancia. Nueva York
PNUD. (1997). Informe sobre desarrollo humano. Naciones Unidas.
Barnet, R., & Cavanagh, J. (1994). Global dreams: imperial corporations and the New World Order. Simon & Schuster.
Chesnais, F. (1997). La mondialisation du capital. Syros

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